miércoles, junio 24

Mario y Julieta (II)

Usuario: Jl*******
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El usuario Danilo está en línea…

Danilo: ¡Hola preciosa! ¿Cómo estás?

Julieta: Hola mi amor, extrañándote y esperándote como todos los días

Danilo: Tenía muchas ganas de hablar contigo, hace algunos días que no nos vemos

Julieta: Sí, he estado algo ocupada, he tenido que hacer algunas compras y aquél me anda acompañando

Danilo: ¿Es seguro hablar?

Julieta: Sí, lo mandé a hacer unas compras, regresará en una media hora…

Danilo: Porque te juro que me muero por ti, de las ganas de verte, de besarte, de hacerte mía…

Julieta: Ay corazón yo también no sabes cuánto te he deseado estos últimos días, cada noche me imagino que estás a mi lado y quisiera tenerte cerca para quitarme esta calentura que tengo encima por ti.

Danilo: Bueno tú sabes, cuando quieras me llamas, solo sabes la condición, en horario de oficina…

Julieta: Sí lo sé, los dos tenemos nuestras limitaciones, pero en medio de todo esto me encanta lo del misterio y el peligro, como que hace la situación más excitante.

Danilo: Verdad que sí, hace los encuentros más fogosos y la verdad se me hace poco el tiempo en el motel para quitarnos las ganas.

Julieta: Ya, tranquilo que me vas a chivear jijiji

Danilo: Sí como no jajaj

Julieta: Mira entre otras cosas te quiero agradecer por hacerme despertar, por hacerme sentir viva, por hacerme disfrutar del sexo, en otras palabras, por hacer mis fantasías realidad…

Danilo: A la orden muñeca, a mí me encanta satisfacerte… por cierto, qué tal tu última fantasía eh?

Julieta: Me encantó, al principio estaba un poco con miedo, por aquello de que nunca lo había hecho y no sabía exactamente cómo comportarme, pero ya luego al calor del momento me fui dejando llevar y al final fue muy rico, ¡te lo aseguro!

Danilo: ¿Te gustaría volverlo a hacer?

Julieta: Me encantaría, solo que me gustaría que fuera en otro ambiente y preparar las cosas con anticipación, la primera vez fue una sorpresa, y me encantó, la segunda quiero que vayamos no sé, a algún bar a tomar algunos tragos mientras tomamos confianza y platicar un poco, luego ponernos de acuerdo y de allí entrar a la acción.

Danilo: Me parece perfecto, oye… yo sé que no te gusta hablar de esto pero… ¿y tu esposo no ha sospechado nada?

Julieta: ¿Mario? Para nada, él anda muy concentrado en su trabajo y confía mucho en mí, creo que está tan ciego que aunque le grite en su cara lo que hago a escondidas no me lo creería, pensándolo bien esta situación es tan increíble que a veces hasta yo me siento en un sueño, en una fantasía hecha realidad, ¡Y es tan loca y divertida que me encanta!

Danilo: Me alegra leer eso, tú sabes que yo también tengo mi limitación en casa y por eso sólo nos podemos ver en horas de oficina, pero mi corazón es tuyo mi amor.

Julieta: ¡Y yo te amo! Te amo por cómo me tratas, por la forma en que me mimas, por tus detalles conmigo, además me encanta que tú me ayudes y me apoyes ahora que ya he descubierto mi nueva faceta bisexual, algo que yo no pensé que fuera posible, pero la última fantasía que cumplimos me hizo sentir muy bien.

Danilo: Qué bien, me alegro.

Julieta: Me excita que me presentes como tu esposo y que me digas todas las cosas que me dices.
Danilo: A mí me encanta hacerlo.

Julieta: Por eso la próxima vez que nos veamos con Carmen quiero que platiquemos un poco más, intimar algo más para ver que tan compatibles somos, pero también me gustaría salir con Viviana.

Danilo: Bueno el anuncio que pusimos en la página de clasificados funcionó, hemos tenido varias respuestas, ahora solo tenemos que ir conociendo poco a poco el terreno.

- Ya vine Yuli…

La página se cerró de repente, Mario había llegado.

- Mi amor, te tardaste menos de lo que pensé – dijo Julieta como si nada.

- Sí, lo bueno es que aquí cerca encontré una tienda donde había lo que buscaba. ¿Ya terminaste de ver tu correo?

- Casi, solo tengo que responder algunos pedidos que me hicieron.

- Bueno, mientras voy a platicar con Marco.

Yo sentía que toda la sangre se me había ido a las patas.

- ¿Cómo has estado Maquito, todo bien?

- Pues… este…sí… pasándola, acordate que estamos en temporada baja…

- Sí pero ya vas a ver que pronto va a mejorar la cosa, yo tengo algunos negocios buenos para fin de año, los taxis están funcionando bien y tengo unos proyectos para ponerles publicidad, ¡Ya los vas a ver! ¡Yuli apurate, ya nos vamos!

- Voy amor – respondió Julieta mientras se despedía.

Se fueron felices como entraron, nadie tenía la más mínima sospecha de lo que el otro había hecho, por primera vez me di cuenta de los alcances que la tecnología podía tener.

Me quedé abrumado por todas las cosas que leí. ¿Julieta poniéndole los cuernos a mi primo? ¿Y el tipo es casado también? ¿Y encima de todo ella tiene tendencias bisexuales? Lo peor de todo es que el caso me había traído tanta morbosidad que no podía dejar de imaginarme a Julieta en semejante situación y cumpliendo sus “fantasías” el hecho de no saber más del asunto acicateaba más mi curiosidad.

Cierto que Mario no era una mansa palomita, era un alcohólico que todos los fines de semana terminaba inconsciente después de consumir litros de cerveza, ron o lo que fuera, además de la sustancia que tuviese disponible. Era visitante asiduo de prostíbulos y bares de mala muerte.

Aparentemente había encontrado la horma de su zapato, en todo sentido.

Metido en todos los pensamientos pasaron un par de horas mientras atendía gente como un zombi, sin pensar en otra cosa cuando me acordé. ¡El Keylogger!

Rápidamente me senté en la computadora que Julieta había usado algún tiempo atrás y entré al sistema... allí estaba, el usuario y la contraseña del correo electrónico.

Estaba a punto de destapar la olla de grillos...

jueves, marzo 6

Mario y Julieta (I)

Hola, no empezaré esta historia hablando sobre ellos. Primero me presentaré yo, ¿Por qué? Porque soy un personaje secundario y de todos modos después ya no sabrán mucho de mí. Sin embargo creo que soy el desencadenante de los hechos que ocurrieron a continuación y de alguna manera todo esto es mi culpa.

Me llamo Marco y tengo un café internet.

Eso es todo, pero tengo que extenderme un poco en éste punto. Verán, al principio veía mi trabajo como algo genial, la posibilidad de estar conectado a internet todo el día –un vicio declarado- y además sacarle algo de dinero me parecía muy bien, claro que después de cinco años de esto y no ver algo siquiera de la inversión hecha me hace decepcionarme un poco.

Por supuesto que no todo es decepción. Hay cosas buenas, como dije tener la oportunidad de aprender cosas nuevas cada día y leer de todo un poco, además de conocer gente muy interesante enriquece un poco mi vida en el sentido intelectual, aunque no tenga mucho en los bolsillos.

Antes de seguir adelante tengo que dar una advertencia: si han escuchado que en internet no existe la privacidad en un café internet la privacidad es menor aún, muchas personas por simple ignorancia pueden guardar documentos importantes, cuentas de correo, contraseñas, números de cuenta bancaria etcétera. No es que yo me aproveche de nada de esto, es como dije una advertencia.

Sin embargo a veces puede ser divertido.

Me explico: existen programas llamados “administradores remotos” que sirven para ver todas las pantallas de una red, para saber exactamente qué hace cada persona. En principio lo instalé por seguridad; uno nunca sabe qué pretenden hacer las personas con las computadoras, especialmente si son principiantes y antes que hagan alguna tontería uno puede tomar cartas en el asunto, orientar a las personas de la mejor manera de hacer las cosas, o en el peor de los casos, decirles que por favor dejen de jugar con las configuraciones de programas, instalar programas inútiles y hasta virus o porno.

Pero después me di cuenta que me enteraba de muchas cosas más: los secretos más íntimos de las personas, sus vidas privadas, sus deseos ocultos y sus perversiones inconfesables, sus necesidades, alegrías, tristezas, enfermedades, desdichas, experiencias. Muchas personas vienen aquí por asuntos triviales, pero de vez en cuando hay datos muy reveladores.

Existe otra herramienta y me imagino que no solamente yo la he usado, se llama “keylogger” y no es más que un programa que registra exactamente todas las teclas que uno presiona en una computadora, creo que éste programa es peor que el anterior porque se guardan conversaciones, direcciones de correo y contraseñas, en particular creo que este último programa fue el culpable de todo lo que ocurrió.

Ahora debo confesar que instalé el keylogger para espiar a alguien, sé que no es muy ético que digamos pero de todos modos no creo que en algún momento alguien me pueda reconocer por la calle y me diga “Vos fuiste, te voy a denunciar.” Y si lo hacen qué me importa, no tengo nada que perder.

En fin ese día esperaba que llegara ella para averiguar algo privado, podrán decir que soy celoso, pero todos son celosos si se les dan motivos.

Antes que ella llegó Mario con Julieta, se habían casado hace un año a pesar de llevar seis años de vivir juntos. Ella era muy cristiana y Mario, mi primo, no tan cristiano pero aún así se veían felices.

- Qué onda primo, cómo te va – me saludó Mario.
- Bien, aquí, no hay mucho que hacer por el momento – respondí.
- Mirá, Julieta se va a quedar un rato aquí mientras yo salgo a hacer unos mandados, luego te pago, ¿Está bien?
- Me parece, hola Julieta.
- Hola Marquito, cómo va todo, tú por lo visto guapo como siempre.
- Gracias, igual tú te ves muy bien.
- Ay qué galante.

¿Mencioné que Julieta era una mujer muy hermosa?

En fin, se ubicó en el primer escritorio a su alcance y se despidió de Mario “pero vas y venís”, Mario se despidió con un “Sí mi amor, te veo al rato”.

Hasta allí todo normal, ese día no había mucho movimiento, solo una ligera brisa entraba y refrescaba todo a mi alrededor, empezaba noviembre, la temporada mala.

Noviembre y diciembre son muy malos porque no hay estudiantes, el internet se vuelve sinónimo de hacer tareas, estudiar, y en esos meses nadie quiere estudiar.

No tenía nada que hacer y estaba harto de jugar y ver películas. Entonces vi a Julieta frente a su pantalla y me dio curiosidad… ¿la veo? No, tengo que respetar su privacidad, pero… no tengo nada que hacer y estoy harto con mi vida en este momento, tal vez ver la vida de alguien más…

Inicio – Programas – Administrador remoto

Estación: cafe2

Lo que vi en esa mañana de noviembre fría y aburrida me dejó estupefacto.

martes, febrero 26

Presentación en Teatrino este 1 de Marzo




lunes, febrero 11

ALMA (VI)

A veces me parece que todo esto es un sueño, en realidad me cuesta distinguir un poco cuál es mi fantasía y cuál es mi realidad. Hasta hace algún tiempo aún podía diferenciarlas pero ahora… no sé.

El ambiente es distinto, el color de las paredes no me inspira nada, en el techo se arremolinan figuras siniestras que me acosan, me miran, me tocan. Escapo cerrando los ojos pero al apretar los párpados ocurre algo curioso: se me aparecen las mismas imágenes solo que en negativo, con colores inversos que se me acercan, ya no sé que es cierto y qué es mentira.

- Alma…

Ya voy mamá, pero espérame un poco, tengo que terminar algo aquí afuera, hay algo que aún no logro comprender, la vida a veces es tan retorcida que es chistosa. Jorge me está saludando pero no quiero ir, ya no quiero ver su rostro desfigurado, su mano está extendida como diciéndome adiós, yo no me quiero despedir, no quiero que se vaya pero tampoco que se quede.

Ni siquiera sé si esto es amor, tal vez fue un deseo que empecé a soñar desde que empecé a ver todas esas novelas y películas, a leer historias románticas, que el amor lo puede todo, que cualquier inconveniente no significa nada para el amor; en todo caso son pruebas nada más, hasta que el amor vence la muerte. ¿Por qué no te puedo recordar cuando estabas vivo? Ahora que lo pienso sí puedo, recuerdo tu risa tu rostro, tus besos, tus abrazos, recuerdo tu cuerpo cerca del mío, tan pegado que podía sentir tu ardor y deseaba que me tomaras y me hicieras tuya como en las historias románticas.

¿Hicimos algo? ¿Lo imaginé? No lo sé, no recuerdo, la realidad es algo tan confuso que no sabría decirlo, tal vez si te recuerdo como yo pienso es porque en realidad sucedió aunque en realidad no haya pasado nada. ¿Y si sólo soy una idea loca de algún dios que me imaginó? ¿Por qué me atormenta, por qué me tortura? ¡Por favor, bórrame, hazme desaparecer!

Para el caso cualquier persona da lo mismo, es sólo un recipiente, un envase, “no hay amor como el primero” es la mentira más grande del mundo. El amor siempre se siente igual, lo que cambia es la forma, el objeto podríamos decir, si no amo a alguien simplemente pasa frente a mí como cualquier cosa, como ver llover.

- Raúl…

¿Vienes? ¿Por qué no vienes? ¿Tú también estás muerto? Sí, tú también me ves con la mirada perdida. Te recuerdo como si fueras Jorge, ¿Es la misma historia repetida? Ahora eres tú quien se despide y yo no tengo idea si decirte que te vayas o irme yo.

Todos somos un recipiente nada más, un envase, no hay alma, no hay amor, sólo un cadáver, un cascarón inútil, una imagen de lo que fuiste, una monstruosidad inanimada. Dicen que los fantasmas asustan, que ver cosas que se mueven, que flotan, dan miedo. A mí esas cosas no me dan miedo, lo que me da miedo son las cosas que ya no se mueven.

- Hola Almita, ¿Podrías sentarte en aquella silla? Voy a barrer aquí. Gracias, eres una niña buena.

Gracias mamá, pero ¿Sabes lo que no entiendo? Por qué me sigue visitando, al principio pensé que porque yo no quería que Raúl se fuera y lo lloraba todos los días se me aparecía. Bueno así me decían, al principio de lejos, en la puerta de mi cuarto, en la oscuridad veía su sombra, a mí no me daba miedo, pero no me dejaba dormir. Me quedaba viendo la sombra inmóvil mientras sentía toda mi piel erizarse, me quedaba quietecita quietecita como para no romper el encanto. Cualquier movimiento solo me erizaba más la piel y mi mente hervía con ideas locas que no podía comprender. Luego me decía “No Alma, no está allí, es tu imaginación.” Cerraba los ojos y dormía un poco, cuando los abría todavía estaba allí, lo veía al lado de la ventana. Debo confesar que nunca me animé a hablarle, no hubiese querido despertar a nadie, y si él abría la boca para hablarme… tal vez sí me habría vuelto loca. Los muertos no hablan, solo los vivos.

- Hola Alma ¿Cómo estas hoy?, soy el doctor Grajeda, ¿Te puedo hacer unas preguntas?

Mamá, ¿Por qué lo hace? Nunca había visto algo parecido, bueno, luego vino Jorge, pensé que tal vez él me ayudaría a olvidarme de Raúl, y en algún momento sucedió tal vez. Yo no quería hacerle daño, quise acercarme un poco más y luego no pude quitármelo de encima, de mi cabeza, me daba vueltas y me sentía mareada, me sentía como embriagada, eso me gustaba. Como aquella vez que a escondidas tomé un poco de ron de mi papá y me sentí liviana y relajada.

Luego Jorge también se fue. No pude recordar exactamente qué fue de mí durante algún tiempo. Recuerdo que hubo un tiempo de mucha oscuridad, me dolía mucho la cabeza y aunque todo estaba oscuro no podía dormir. Ahora que recuerdo tampoco tenía sueño, igual no quería dormir, solamente cuando me dieron unas pastillas que me dieron mucho sueño y dormí profundamente, ¿Por qué uno dice “tengo sueño” cuando quiere dormir? No siempre se tienen sueños, el sueño que me dieron con las pastillas fue artificial, plástico, un sueño sin sueños. Deberían inventar otra palabra para tener sueño, uno no tiene sueños, uno los recuerda, siempre se dice “tuve un sueño” pero nunca “tengo un sueño”. Se puede soñar despierto pero eso no es soñar, es ilusionar, yo tenía muchas ilusiones, ahora no sé, creo que mi vida entera es una ilusión, ¿O un sueño? ¡Despiértenme por favor!

- ¿Jorge?...

Ahora vienes tú, tal vez es mi apego por las cosas, yo sé que me quieres pero a veces se me hace difícil tenerte a mi lado, a veces no sé si quiero a alguien o en realidad solo quiero una ilusión. La vida real nunca es como uno la imagina. Aún teniendo todo lo que siempre quisiste siempre quieres más.

Mamá ¿Te cuento un secreto? Después de un tiempo Jorge se acercaba más a mí, se acurrucaba a mi lado y pasaba su mano por mi cabello, sentía su respiración cerca de mí, agitada. ¿Los muertos respiran? Yo me quedaba en mi cama calientita, él estaba frío pero yo le daba calor, lo fui metiendo en mi cama. Yo ardía como si tuviera fiebre y le daba calor porque él estaba frio como un muerto. Luego lo recordaba como la última vez que lo vi, con su rostro perforado por la bala, como lo ví esa noche. Entonces un terror se apoderaba de mí y salía de la cama de un brinco a encender la luz.

Entonces se desaparecía y yo quedaba en medio de mi cuarto, desnuda y me entraba un frío como de muerte.

Dicen que cuando uno llora mucho a un muerto su espíritu no se marcha, a mí me lo decían y yo dejé de llorar frente a la gente, pero lloraba de escondidas, en el baño, en mi cuarto, todas las noches, tal vez por eso llamaba a Raúl primero y después a Jorge.

Ahora ya no sé si lloro, tal vez sí porque cuando abro los ojos a veces por la noche, lo encuentro parado frente a mi cama.

jueves, febrero 7

a un piloto de transporte urbano

Esto lo escribo con los pies ampollados después de caminar varios kilómetros entre manifestaciones, policía y un rebaño de gente.

El peor trabajo del mundo
No es pescar en el océano
Ni volar un aeroplano
Es un pobre fulano
Que maneja un autobús

Padece maltratos
De gente a pie y en carro
Cobra barato
Y encima, si pide aumento
Le queman la oficina

Por si esto fuera poco
Viene don marero
Le pide dinero
A cambio de vivir

Todos caen
Pero si alguno se defiende
Lo valiente dura poco
Ya son muchos los muertos
Que manchan con su sangre
nuestras calles

Alguno dice “Yo los mato”
Dicho y hecho, arma en mano
Se vuela al delincuente
Y aunque a la vista de todos
Es justo el desenlace
El pobre tiene que huir
Para evitar la policía
O los amigos del difunto

Porque derechos todos tienen
Los matones, los mareros
Los cobardes rastreros
Pero al que trabaja honrado
Lo procesan por… ¿por qué lo procesan?
¿Para dar el ejemplo?
Ya no somos niños
No nos den atol con el dedo

Y lo que más me enferma
Es la muerte ingrata
A manos de un hijueputa
Que necesita la plata
Para un trago, una piedra
Una fumada de cualquier cosa
O en último caso
Sacar a sus compadres
Que están en el bote
Y seguir la masacre.

jueves, enero 17

En el Centro de Salud

La doctora Fajardo atiende a los pacientes en el centro de salud de la comunidad. Tiene poco tiempo de haber terminado sus estudios pero la práctica profesional como residente en el hospital nacional le ha permitido familiarizarse con enfermedades comunes, accidentes comunes y uno que otro accidente raro, por no decir tonto.

Le tomó algo de tiempo acostumbrarse a la sangre y los fluidos corporales, en su mayoría en estado de descomposición que podía emanar un ser humano. Después del tiempo lo fue asumiendo como algo natural, de vez en cuando algún accidente de especial violencia le agitaba el estómago, pero en general lo tomaba con mucha calma.

Llenaba el expediente del último paciente que había auscultado. “La mayoría son enfermedades respiratorias” pensaba. “Le siguen enfermedades de la piel, y luego fracturas y golpes… nada extraordinario, afortunadamente”. Ya faltaba poco y podría ir a su casa a cenar, darse un baño de agua tibia, tal vez ver un rato algún programa en la televisión

Salió a la sala de espera
- ¿Quién sigue?

Se levantó una señora de unos cincuenta años, delgada, morena; sentada a su lado una jovencita de unos quince años, con los ojos hinchados por el llanto.

- Yo seño – dijo la mujer – vengo para que me revise a esta patoja, la muy sinvergüenza me está jugando la vuelta. Viera que yo lavo y plancho ajeno y mientras yo no estoy ésta a saber con quién o con cuántos anda metiéndose.

- Señora perdone pero no hablemos aquí afuera, entre aquí por favor – le interrumpió la doctora.

- ¡Venite vos! Mirá las vuelta que me ponés – de un tirón levantó a la jovencita. Ésta empezó a sollozar – ¡y no te hagás la de la boca chiquita, llorando como si no hicieras nada, vas a ver!

- Disculpe – dijo la doctora – pero ¿cuál es el motivo de la consulta? ¿quién está mal, usted o ella?

- Mire seño, le voy a explicar, como le decía yo vivo con mi hija y mi esposo que mal que bien nos vamos manteniendo, yo de doméstica y él de albañil, pero ayer llegué temprano a la casa y la encontré a ésta en la cama desnuda tapándose con la sábana nada más, la puerta del patio estaba abierta, por allí salió el desgraciado y se fue corriendo.

- ¿Y eso qué tiene que ver? ¿Está lastimada?

- Quiero que la revise a ver si todavía está señorita.

- ¿Usted quiere saber si su hija es virgen?

- Sí seño, porque si no lo está ahorita mismo que mire para dónde agarra porque yo no voy a estar manteniendo putas. Que se vaya con el que se la estaba agarrando, ella me jura que no estaba haciendo nada malo, que se estaba cambiando pero yo no nací ayer, a ver si el hombre la mantiene o que vea para dónde se va porque conmigo no.

La doctora Fajardo quedó en silencio un momento, la adolescente se tapaba la cara con las dos manos, llorando.

- Está bien, pero comprenderá que necesito algo de privacidad. ¿Me puede esperar afuera por favor?

La señora le dio una mirada de odio a la joven.

- Te espero afuera, ¡Y ay de vos si me estás mintiendo, primero te hago reventada y luego te saco todas tus cosas a la calle!

Cerraron la puerta. La doctora Fajardo se dirigió a la joven, con voz serena.

- Hola, soy la doctora Marina Fajardo, pero tú puedes llamarme Marina, ¿Cómo te llamas?

Un hilo de voz salió de la niña

- I… Ingrid.

- Mira, no te voy a hablar como doctora, más bien como amiga. Me imagino que todo esto es muy difícil para tí y no quiero empeorarlo. Pero tienes que ser sincera conmigo, ¿Está bien?

- Sí doctora.

- Muy bien, te voy a hacer una pregunta. ¿Estabas teniendo relaciones sexuales?

Ingrid estalló en llanto de nuevo, aunque hubiese querido no le salían las palabras.

- Bueno, tranquilízate, toma un vaso de agua. – le sirvió agua en un vaso plástico y se lo acercó. – Respira profundamente, tienes que saber que tener relaciones sexuales sin protección te puede causar enfermedades, o puedes quedar embarazada y…

- Es mi padrastro

Lo dijo mientras tomaba aire, el sonido no salió de las cuerdas vocales, salió de más adentro, sin embargo fue perfectamente audible.

- ¿Qué cosa? La doctora Fajardo sintió la sangre agolparse en el estómago.
- Tiene tiempo de hacerlo, ya no me acuerdo cuánto. Mi mamá nunca me creería, siempre dice que yo soy la mentirosa perdida. El llega a la casa solo a hacerme cosas, luego se va y después que mi mamá llega aparece como si nada. Al principio me forzaba, yo no quería pero él es grande, ahora solo trato de pensar en otra cosa.

- Podemos denunciarlo, ahorita mismo podemos ir a la policía, a los derechos humanos, te pueden dar protección.

- ¡No doctora, por favor! Mi mamá es capaz de matarme, o peor, me echa a la calle y allí si no se ni de qué voy a trabajar.

- Pero es tu madre, tiene que creerte.

- No doctora, ella a mí no me cree nada, no me manda a estudiar porque dice que allí voy a encontrar hombres y yo soy la que los provoca, como “desarrollé” bien niña los hombres se me quedan viendo, me encierran en la casa y allí me mantengo haciendo oficio. Él aprovecha eso.

- Maldito.

- Ellos se emborrachan juntos, a veces ella se queda bien dormida y él aprovecha para violarme. Hoy porque mi mamá vino temprano, se fue corriendo y brincó la pared de atrás para que no se diera cuenta. Desde el principio me dijo que si le cuento a alguien me mata… me pega seguido.

La doctora Fajardo se quedó un momento pensando. Nada la había preparado para una situación como ésta. Y aunque había escuchado de casos similares no se imaginó tener que enfrentarlo directamente.

- Te voy a dar mi número de teléfono, si intenta volver a hacerte algo buscas un teléfono público a como dé lugar, me llamas inmediatamente y yo voy a donde estés, te puedes quedar en mi casa, pero prométeme que lo vas a hacer, ¿está bien?

- Sí doctora, se lo prometo.

Ingrid se secaba las lágrimas, se sentía más tranquila.
- ¿Te sientes mejor? – preguntó la doctora.

- Sí, gracias.

Abrió la puerta del consultorio y se dirigió a la señora
- Su hija es virgen, no tiene nada de qué preocuparse.

La doctora las vio alejarse, la madre aún recriminaba a su hija, y se preguntaba si en algún momento recibiría la llamada.

miércoles, enero 9

Juego de Niños

- ¡Chipi! ¡Mirá lo que encontré!
Las manos de Víctor mostraban el hallazgo.
- ¿Y de dónde lo sacaste? Preguntó Chipi
- Lo encontré por allí
- ¿Y qué vas a hacer con eso?
- Una vez vi cómo le sacaban la pólvora
- ¿Y si se dispara?
- No se va a disparar, primero tenemos que encontrar algún hoyo en la pared.

Se trataba de un cartucho calibre 5.56 usado en ese entonces en los rifles Galil de fabricación israelita. A la sazón, el arma oficial del ejército.

Los niños jugaban en el patio de la casa de Víctor. Buena parte del área residencial se encontraba en construcción aún. Esto les daba oportunidad para aventurarse en las casas a medio construir, o enfrascarse en guerras de trincheras en las zanjas que en un futuro sería el sistema de drenajes.

Víctor tenía uno de los juguetes más increíbles para la imaginación de un niño de doce años: una caja de arena en su propio patio. Con sus amigos pasaban horas construyendo castillos o caminos para autos de juguete. Pero lo más espectacular eran los volcanes. Hacían el volcán de arena con un agujero en el centro donde colocaban papel para luego prenderle fuego, el espectáculo era formidable.

Esa tarde, sin embargo, el objeto de su interés era algo mucho más delicado.

- ¿No será peligroso vos? Preguntó Chipi, más cuidadoso que Víctor.
- No, ahí vas a ver, le vamos a sacar la pólvora y vamos a quemarla – Víctor parecía muy seguro de sí mismo y esperaba mostrar con orgullo cómo manipulaba la bala.

Una munición de alto calibre no era algo muy raro de ver en esos tiempos, Chipi aún recordaba que su tío Leo le había enseñado un día una que conservaba como recuerdo. La bala en sí no era muy grande pero el cascabillo que contenía la pólvora era enorme en comparación. “Estas balas van girando a una velocidad muy grande, y aparte de eso la fricción hace que esta cosita vaya hecha una brasa. Si una de éstas le pega a alguien de una vez cauteriza la herida”.

Chipi no sabía nada de armas pero esa explicación lo dejó impresionado.

El sol de la tarde se posaba apaciblemente sobre los chicos. Víctor iba delante, buscando alguna hendidura en la pared.

- Creo que ésta va a servir, ahora fijate. Ya lo he hecho varias veces.

Chipi entrecerró los ojos. Recordó que hace un par de años estuvo a punto de tomar el revólver .38 que su tío dejara por descuido en una repisa y en ese momento lo detuvieron. Tuvo que soportar una severa reprimenda y una paliza que le dejó morada la espalda por tomar cosas peligrosas. Se sentía incómodo.

Imaginaba que en cualquier momento el cartucho haría explosión. Se hizo a un lado y recordó otra cosa que le habían dicho: toda acción causa una reacción. Si la bala salía a una velocidad enorme, el cascabillo haría lo mismo en dirección contraria. No pudo hacer otra cosa que alejarse lo más que pudo, aunque no tanto que su amigo lo viese como un cobarde.

Víctor puso la punta de la bala en una ranura en la pared y luego hizo la presionó hacia un lado. El proyectil se desprendió de forma relativamente fácil dejando solamente el cartucho lleno de pólvora.

- Ahorita vas a ver la pólvora – dijo Víctor triunfante. Se acercó a una piedra plana en el piso y vació su contenido. La pólvora no era fina y marrón como la de los cohetillos que Chipi estaba acostumbrado a ver, más bien parecían pequeñas bolitas negras.

Sacó un fósforo de la bolsa del pantalón y la encendió. Tampoco se quemaba con un chispazo deslumbrante; más bien ardía lentamente. Así no daba tanto miedo pensó.

- ¡Víctor, qué hacés! Tronó una voz femenina al mismo tiempo que levantaba al niño jalándolo de la oreja.
- ¡Nada mamá, jugando! ¡Ayyy!
- ¿Cuántas veces te he dicho que no andés registrando las cosas de tu papá? ¡Cuando venga a la casa le voy a decir vas a ver!
- ¡Pero si no estoy haciendo nada malo!
- Nada malo será, ¡Esas cosas no se tocan! ¡Un día de estos te vas a matar! - La madre de Víctor avanzaba a trompicones dándole de sopapos en la cabeza - ¡Vámonos para adentro!

Víctor se quedó parado mientras metían a su amigo a trompones a su casa. Lo mejor sería que él hiciera lo mismo. Se hacía tarde y en cualquier momento lo llegarían a buscar.